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Bienvenidos a este blog. Espero que disfrutéis de la lectura de los relatos tanto como yo he disfrutado escribiéndolos.

domingo, 5 de febrero de 2023

LIGERAS DE EQUIPAJE

 

Hacía poco que había empezado a trabajar. Dinero escaso, ganas de vivir todas. Fue ella la que lo propuso. No sé como ni porqué. Me extrañó porque no pensaba que fuera un tipo de viaje acorde con su carácter. ¿Estás segura? -le pregunté-. ¿En tren y con mochila? Por mi encantada.

Fuimos hasta Barcelona en el coche de un compañero de trabajo que solía ir los fines de semana. Dormimos allí y a la mañana siguiente cogimos un tren con destino a Ginebra. En la mochila pocas cosas, alguna camiseta, calcetines, un vestido veraniego por si hacía calor, un jersey y un anorak ligero por si hacía frío. Para evitar acumular ropa sucia compramos un buen número de braguitas desechables. No hacía mucho que habían salido y creo que ya no las venden. Esa marca por lo menos no. Eran de celulosa y venían en paquetes individuales de tres colores, azul, rosa y blanco. Guías de viaje no llevábamos ninguna. Pesaban y además no sabíamos seguro dónde íbamos a parar. Sobre la marcha, como suele decirse. El billete era abierto y permitía subir y bajar donde lo desearas.

Puede decirse que todo fue de maravilla y que disfrutamos de aquellas vacaciones. Vimos varias ciudades y hablamos con gente muy diversa. Los viajes en tren tienen mucho encanto y tener veinte años aún tiene más. He olvidado muchas cosas. Pero no me hacen falta fotos para recordar aquella soleada mañana en Salzburgo, hace ya cuarenta años.

¿Conocéis el Palacio Hellbrunn? Es magnífico y en sus jardines, durante la visita guiada, se puede ver una zona donde el príncipe-arzobispo entretenía a sus invitados. Un pequeño teatro, esculturas y una mesa y sus correspondientes taburetes de estilo tirolés, esos que tienen cuatro patas y un agujerito en medio para transportarlos mejor. Claro que todo era de mármol. Otra cosa hubiera desentonado.

El guía, sonriente, nos invitó a tomar asiento. Sorprendentemente la mayoría de los turistas se pusieron a los lados tímidamente. Nosotras, cansadas por la larga visita, nos sentamos en un par de taburetes. Alguna otra persona nos imitó. El guía nos informó del carácter jocoso y bromista del constructor del palacio a la vez que pulsaba una palanca y multitud de chorros de agua surgían de todas partes, esculturas, la mesa y ¡como no! de los agujeritos en nuestros taburetes. Todos los turistas se mojaron, nadie salió indemne, pero menos que nadie las dos despistadas sentadas en los taburetes de mármol y que aquel día, precisamente, se habían puesto la indumentaria ligerita debido al calor.

Corriendo por los jardines, intentando evitar algo de aquel súbito diluvio, mi amiga balbuceaba: ¡Ay mis bragas, ay, ay!

Con cara de “aquí no ha pasado nada” terminamos la visita al palacio lo más dignamente que pudimos. Según íbamos andando percibíamos como nuestra ropa interior se iba desgarrando y todo nuestro temor era que se cayera al suelo antes de poder llegar a un lugar seguro.

La goma de la cintura sostenía apenas unos jirones de papel de celulosa cuando ¡al fin! llegamos a nuestro alojamiento. Nos miramos. Suspiramos. No hizo falta hablar. ¡Nunca hay que salir de viaje sin unas buenas bragas!


SUERTE

                ¡Cuánto tiempo ha pasado! ¡Cuarenta y cinco años ya! Bueno, un poco menos, faltan unos meses para que se cumplan, pero, ¿Qué...