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Bienvenidos a este blog. Espero que disfrutéis de la lectura de los relatos tanto como yo he disfrutado escribiéndolos.

sábado, 9 de julio de 2022

DIÁLOGO EN LA CUMBRE

 

              Fernando y Roberto están refugiados bajo un pequeño risco cercano a la cumbre. El viento azota con fuerza y los copos de nieve apenas permiten ver a medio metro de distancia.

              ―Mira Roberto, te dije que era un error insistir en hacer cumbre. Los nubarrones se veían venir.

              ―Pero la previsión meteorológica era buena. Tú mismo la consultaste anoche.

              ―Pero la montaña es incierta, ya lo sabes. En fin, menos charla e iniciemos el descenso.

              ―Me fastidia que cuando algo sale mal me eches la culpa, Fernando. No me parece justo.

              ―Nunca he visto un montañero tan charlatán como tú. Calla y comprueba los nudos de tu lado. Tenemos que bajar bien encordados. Hace un momento casi te despeñas.

              ― ¿Quién va delante?

              ―Tú. El frontal que llevas es el más potente. Así veremos algo y podremos evitar resbalar.

              Bajan con sumo cuidado. Aun así, no pueden evitar ir tropezando.

              ―Poco a poco Fernando. Me duelen horriblemente los pies. Estas botas me están matando

              ― ¿No las habías llevado antes?

―No, las compré hace una semana. Son lo último en tecnología de montaña.

De repente el frontal de Roberto se apaga. El camino por delante deja de ser visible.

― ¿Qué ha pasado?

              ―Se me ha debido acabar la pila de la linterna frontal

              ―Pero. ¿No la revisaste antes de empezar la ascensión?

              ―Pues no, la verdad. ¡Como decían que eran de larga duración! Ya sabes, esas del conejito con el tambor.

              ―O sea, que has iniciado este ascenso con botas nuevas y sin pilas. ¡Vaya compañero me he echado! ¡Ahora entiendo lo de tu mujer!

              ― ¿Qué pasa con mi mujer?

              ―Sé que le gusta la montaña tanto o más que a nosotros, así que le pregunté: “¿No te vienes al Monte Rosa?” y me contestó: “Deja, deja, yo prefiero ir con mis amigas al circuito del Annapurna. Mejor vais vosotros a vuestro aire”. Vamos, que te conoce y pasa de ir contigo.

              ―Chorradas. Por cierto, ¿no decías que mejor callados?

              Continúan en silencio. La tormenta arrecia. Fernando va delante con la única linterna que da una luz escasa. Cada vez más agotados, respiran con dificultad.

              ―Hay que llegar al refugio.

              ―No puedo soportarlo. Los pies no me aguantan, estas botas son una tortura. Me voy a sentar a descansar un poco.

              ―Yo tampoco puedo más. Supongo que parar un poco nos hará bien.

              ―Mira ahí delante. Parece que hay alguien. Tal vez estamos más abajo de lo que pensamos. ¡Eh oiga!

              La figura se acerca. Un anorak azul, apenas se le ve la cara. Unos rizos rubios se escapan del gorro también azul.

              ―Nada de sentarse, chicos. Os vais a quedar helados. ¡Animo que no queda mucho!

              ― ¿Quién eres? ¿vienes del refugio?

              ―Si, más o menos.

              ― ¿Cómo te llamas?

              ―Ángel.

              ―No te conozco. Ángel ¿que más?

              ―Gabriel. Pero basta de charla. Para abajo poco a poco.

              Dando pequeños pasos, con una lentitud exasperante, van descendiendo. Ángel les habla constantemente, les indica el camino, donde deben pisar para evitar despeñarse. No les permite desfallecer.

              Al cabo de un tiempo que parece interminable, ven el refugio. Hay gente en la puerta, los guías. Les hacen señales y corren a auxiliarlos.

              ―Estábamos todos alarmados por vosotros, pero el tiempo no permitía salir en vuestra búsqueda. ¡Menos mal que habéis logrado bajar!

              ―No hubiéramos podido sin la ayuda de vuestro compañero.

              ― ¿Quién? No ha podido salir nadie.

              ―Sí, hombre. Ángel Gabriel, ese que habéis mandado. Por cierto, ¿dónde está ahora?

              ―Ya, ya, Ángel Gabriel. Pues no sé, se habrá ido a descansar. Vosotros tranquilos, ahora vamos a entrar, os calentáis, bebéis algo caliente y en cuanto esto amaine un poco os bajamos al hospital. Allí os atenderá la doctora Gloria Santa María, sin duda es la persona que necesitáis.

SUERTE

                ¡Cuánto tiempo ha pasado! ¡Cuarenta y cinco años ya! Bueno, un poco menos, faltan unos meses para que se cumplan, pero, ¿Qué...