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Bienvenidos a este blog. Espero que disfrutéis de la lectura de los relatos tanto como yo he disfrutado escribiéndolos.

jueves, 8 de agosto de 2024

SOFÁ Y PELICULA

 

              La tranquila pareja estaba viendo aquella película de los años 80. De estatura media, ojos oscuros y mechas impecables ella, no tenía idea del argumento ni conocía al director. El, delgado, ojos claros, pelo muy escaso, ya la había visto, aunque casi la había olvidado. En su momento le gustó, era muy joven pero ahora le resultó todavía más graciosa. Zelig se apellidaba el protagonista, un personaje delgadito, nervioso, que iba cambiando de aspecto según cambiaba de ambiente. Su inseguridad era tan grande que adaptaba su apariencia para ser aceptado en el grupo en que se encontraba en cada momento. Si estaba con personas judías le crecía el pelo y se le formaban un par de tirabuzones a los lados de la cara, si los que le rodeaban eran de raza negra la piel se le oscurecía, si asiáticos, sus ojos se tornaban rasgados y su pelo liso y lacio.

              El pasó un buen rato, era divertida y entretenida. El argumento original y bien contado, los intérpretes muy buenos. Cuando terminó se fue a la cocina a prepararse un café y entonces, sin saber porque, empezaron a venirle a la memoria diversos episodios de su vida pasada. De chiquitín le encantaba jugar con la tierra del patio de recreo, pero enseguida percibió que la maestra prefería a los niños que volvían más limpios a clase y optó corretear más y embarrarse menos. Ya adolescente, durante las vacaciones en la montaña sus padres no podían imaginar que aquel infatigable caminante en realidad lo que deseaba era tumbarse en la arena caliente y respirar la brisa marina. Buen estudiante, le encantaba la literatura, pero, consciente de la ilusión de sus padres, se integró desde muy joven en la empresa familiar. Aceptó, sin dudarlo, el lema de la familia: “Una funeraria no es un negocio glamouroso, pero jamás falta clientela”. Desempeño sus tareas sin entusiasmo, pero con corrección y ninguno de los usuarios de sus servicios tuvo jamás la menor queja.

Su madre le presentó a la hija de su mejor amiga: “Trabaja en la gestoría familiar―le dijo― sería magnífico que ambos negocios se unieran. Ya sabes, defunciones, trámites, testamentos, papeleo por resolver”. Se dio cuenta de lo que esperaban de el. Parecía maja chica y lo era. Ya llevaban casi cuarenta años casados en buena armonía. Coincidían en todo. Además mantenía contacto con los amigos de la infancia. La última vez que se vieron fue en aquel partido de fútbol. ¡Qué bien lo pasaron jaleando al Real Madrid! El en realidad era del Barça, pero nadie lo sabía.

              Se preguntó como sería estar solo. Nunca lo había estado. Un extraño temor lo invadió. Siempre rodeado de su familia primero, de la suya y de la de su esposa después. Su mujer entró en la cocina sonriendo:

              ―¿Me preparas un café a mi también? Vaya tostón de película. No veía el momento de que se acabara. ¿No te parece?

              ―Si, eso mismo estaba pensando. No me ha convencido nada. Se ha hecho larga ¿verdad? ¿Cuál te apetece que sea la próxima que veamos?

              ―Sonrisas y lágrimas

              ―¡Gran idea!

              Sin darse cuenta se tocó las sienes como buscando unos bucles y no pudo evitar mirarse al espejo temeroso de hallar algún cambio en su aspecto. Suspiró aliviado al ver su calva cabeza todavía intacta.

SUERTE

                ¡Cuánto tiempo ha pasado! ¡Cuarenta y cinco años ya! Bueno, un poco menos, faltan unos meses para que se cumplan, pero, ¿Qué...