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Bienvenidos a este blog. Espero que disfrutéis de la lectura de los relatos tanto como yo he disfrutado escribiéndolos.

sábado, 4 de enero de 2025

VICTORIA Y SILVINA

 

              Érase una vez un hermoso palacio rosado habitado por seis princesas. Las muchachas solían reír y jugar por las salas y por el amplio jardín que rodeaba su residencia. No, no eran rubias y delicadas, todo lo contrario, morenas y fuertes, nunca se desmayaron al pincharse con una aguja -si es que cosieron alguna vez-, detestaban las manzanas y nunca calzaron zapatitos de cristal. Sus padres quisieron que fueran cultas y educadas y buscaron para ello institutrices y preceptores que las instruyeran en idiomas, música, literatura y arte. Disponían de un sólido patrimonio que administrar, pero nadie creyó necesario que dedicaran su tiempo a temas prosaicos como las matemáticas financieras o el derecho mercantil.

              Pasaron los años y sus personalidades se fueron consolidando. Pese a lo que podía esperarse, nunca se dieron a la molicie y dos de ellas, la mayor y la pequeña, resultaron ser especialmente activas. La mayor dio muestras de un carácter fuerte y de grandes dotes para la interpretación, pero el mundo del teatro estaba vetado para personas de su alcurnia así que dedicó sus nada escasas energías a la protección de las artes y a sus propias creaciones literarias. Demostró buenos sentimientos, grandes capacidades organizativas y una nada desdeñable habilidad conduciendo su propia carroza, cualidades estas que le valieron algunos reproches ya que no se consideraban propias de una señorita bien educada

La pequeña carecía del sentido práctico de su hermana, hecho que provocó más de un enfrentamiento entre ellas. No obstante, se querían mucho y la mayor observaba con complacencia la desbordante imaginación de la más joven de la familia. Un príncipe atractivo y algo casquivano fue capaz de conquistar a aquel ser inquieto y juntos navegaron por las procelosas aguas de la vida inventando historias, escribiendo novelas y poemas y disfrutando de la vida al máximo. Las dos hermanas y el príncipe disfrutaron de la amistad y la admiración de un rapsoda ciego que, como ellos, dedicaba todo su tiempo a cultivar la imaginación.

Hermosa vida, en fin, la de aquellos seres. Dicen que el tiempo no perdona, ni siquiera en los cuentos, y que nuestras princesas también envejecieron y tuvieron que padecer diversos avatares que acontecieron en el reino, aunque todo ello pasó hace ya mucho tiempo, en aquel lugar situado más allá del mar. Dicen también que, al fin y al cabo, como eran princesas lo tuvieron todo más fácil, pero claro, eso lo escribe una plebeya envidiosa de su talento que quiso ser millonaria excéntrica, pero eso no pudo ser.

Cuanto más vivo, más segura estoy de que no encontraré a un ser capaz de comprenderme. Me quedo con los libros, por el momento”. VICTORIA  OCAMPO (1890-1979)


SUERTE

                ¡Cuánto tiempo ha pasado! ¡Cuarenta y cinco años ya! Bueno, un poco menos, faltan unos meses para que se cumplan, pero, ¿Qué...