Bienvenida

Bienvenidos a este blog. Espero que disfrutéis de la lectura de los relatos tanto como yo he disfrutado escribiéndolos.

viernes, 11 de febrero de 2022

LA ÚLTIMA

 

              Salió por la puerta principal y atravesó uno de los tornos que daban acceso a la factoría. Era noche cerrada y hacía horas que había salido todo el mundo. Sólo el turno de noche continuaba trabajando y a ellos pertenecían los coches que estaban aparcados en la explanada.

              Saludó con un gesto al guardia que estaba aburrido en su garita y se subió la cremallera de la parka hasta arriba. Era tarde y hacía frio, pero, aun así, era un alivio sentir el fresco del vientecillo en la cara y aspirar profundamente algo que no fuera el aire viciado de la oficina.

              Tenía el coche en el límite del aparcamiento, allá donde había una hilera de adelfas. Le gustaba aparcar allí, en el único punto de verdor en muchos metros. Había luna llena, la observó con una sonrisa. Pensó ― ¡suerte tenían los que trabajaban de sol a sol!

              Ella había entrado al trabajo antes de las ocho de la mañana, en el camino había visto amanecer, espectáculo precioso si lo ves ocasionalmente pero que, en su caso, a menudo cambiaría sin dudarlo por unas cuantas horas más de sueño.

              Abrió la portezuela, se quitó el abrigo, lo echó atrás y se sentó al volante. Llevaba un buen resfriado y el efecto del último antihistamínico que se había tomado se le estaba pasando. La moquita le caía sin compasión y no sabía que hacer para conducir y contenerla a la vez.

              Decidió meter el extremo de un pañuelo de papel por cada uno de los caños de la nariz, poner una emisora de música animada para no dormirse y de esa guisa poner en marcha el coche y enfilar la tranquila carretera en dirección a la autovía. El acceso a la vía principal siempre le daba miedo. Muchos camiones y muy lanzados y ella cansada y con pocos reflejos.

              Tuvo suerte, sólo venía un vehículo que pasó enseguida y se pudo incorporar rápidamente. ¡Menos mal que Pedro ha salido pronto! ―pensó. Al menos al llegar tendría hecha la cena y podría darse una ducha rápida e irse a descansar lo antes posible.

              Hoy había sido un día de los malos, cerrar el mes y preparar los informes que tenía que mandar era un trabajo pesado y a contra reloj. Siempre había algún fichero que se generaba mal o algún dato que no cuadraba. Pero al fin había podido salir dejando todo bastante hilvanado para poder terminar de analizar los datos y enviar los informes al día siguiente.

              Al entrar en la ciudad el tráfico se hizo mas denso. El trabajo, la cena, el resfriado. De repente se dio cuenta de que estaba pasando la estación de ferrocarril. ¿Qué hacía ahí? Se había pasado el desvío hacia su casa.

              La mujer, que había iniciado la jornada de buena mañana impecable y con sus mechas perfectamente arregladas se gritó a si misma: ¡H…….pero que m……… hago aquí!

              Se sentía sudorosa, desgreñada y cansada. Farfulló con voz pastosa, ahogada por el pañuelo que se había puesto en la nariz, unos cuantos juramentos de esos que se consideran inapropiados en una persona bien educada. A la vez, corrigió su trayectoria y enfiló hacia su casa.

              Al llegar, efectivamente, una completa y suculenta ensalada la estaba esperando, eso sí, también la esperaba su hijo para ver si le podía ayudar con los materiales que necesitaba al día siguiente para un trabajo y su madre la llamó para recordarle irritada que aún no le había hecho la declaración de la renta y quejarse de que a ella siempre la dejaba para la última en todo. Después, su también agotado marido le informó de que todos tenían caducado el pasaporte y que si no lo renovaban urgentemente no se podrían ir al viaje proyectado para las vacaciones.

              ¿Qué hizo nuestra heroína? Pues recordar a Escarlata O´Hara, ya sabéis, la de “Lo que el viento se llevó”. Respiró hondo, alzó la cabeza y dijo: Ahora no puedo pensar, me voy a descansar. Después de todo mañana será otro día.

SUERTE

                ¡Cuánto tiempo ha pasado! ¡Cuarenta y cinco años ya! Bueno, un poco menos, faltan unos meses para que se cumplan, pero, ¿Qué...