Bienvenida

Bienvenidos a este blog. Espero que disfrutéis de la lectura de los relatos tanto como yo he disfrutado escribiéndolos.

sábado, 30 de marzo de 2024

UN MONÓLOGO INTERIOR

 

              ¡Vaya calor que hace! Y yo aquí asándome. El bien tranquilo estará, y eso que siempre está diciendo que tiene un trabajo muy sacrificado, pero ya, ya, sacrificado, me río yo, todo el día por ahí conduciendo, sí, pero como si no supiera lo que le gusta ir subido ahí en la cabina bien arriba, que se cree que está en un trono, o mejor, en un tanque que todo el mundo se tiene que apartar a su paso. Además, que para cuando quiere, que él no lo dice, pero demasiado que lo sé, que en esas gasolineras en todas hay un puticlub y uso debe hacer porque traer dinero trae, pero menos que el de la Joaquina la vecina del primero segunda y eso me mi Ramón hace rutas más largas y lleva mejor camión. Y es que me lo conozco, que desde novios me di cuenta de que había que atarlo corto, pero claro, con el oficio que tiene, difícil. A mí si que no hay que atarme ni nada, que con sacar adelante a los chicos ya tengo bastante. Menos mal que en eso tengo suerte que bien majos que son los críos. Se parecen a mí, claro, que del mastuerzo de su padre poco tienen. Mañana llega de llevar una carga a Galicia. Iré a buscarlo, ya le he preguntado a su jefe más o menos a que hora se le espera, que el muy sinvergüenza es capaz de quedarse la mitad del sobre y gastárselo en pilinguis. Ya me lo dijo mi hermana: “Mírate a ver, mírate a ver que este Ramón es un elemento”. Pero claro, como tiene esa labia y esos ojazos, pues ahí cayó una como una tonta. ¡En fin!

viernes, 8 de marzo de 2024

PLANETA SIN ESPERANZA

 

              Esperanza se levantó temprano como todos los días. Desayunó un bol de kéfir con avena, unas nueces y un café, por supuesto de comercio sostenible. Echó un vistazo a la basura. Aunque intentaba reducir el uso de envases de plástico no podía eliminarlos por completo. Tenía unos   cuantos acumulados que decidió tirar al contenedor por la tarde.

              Bajó al garaje y desenchufó el coche que se había estado cargando toda la noche. Puso la radio y se encaminó a su trabajo en un polígono de las afueras. La emisora informaba que la estación espacial internacional iba a sobrevolar la ciudad esa noche y que se podría observar a simple vista. El locutor entrevistaba a un eminente profesor de física y a un ingeniero aeroespacial. Ambos dieron detalles de los logros que había supuesto a nivel científico el establecimiento de ese gran laboratorio espacial, por ejemplo, la necesidad de reciclar el agua a bordo de la nave había ayudado a idear un sistema de desperdicio casi nulo.

              Impresionante. No pudo oír el final porque había llegado a su destino. Terminada la jornada de trabajo recuperó el programa que estaba grabado en un podcast y continuó donde lo había dejado. De acuerdo con todos los países intervinientes, la estación había cumplido su servicio además la mayor parte de los equipos estaban obsoletos y no tenía objeto prolongar su vida útil más allá del año 2030. En esa fecha, cuatrocientas toneladas de fragmentos en llamas caerán en el océano Pacífico en el llamado Point Nemo.

              El Point Nemo, según dijeron, era un lugar entre Nueva Zelanda y América del Sur que ya llevaba tiempo siendo usado como cementerio de estructuras espaciales. Al parecer, diversos grupos de empresas incluida la zaragozana Industrias López Soriano, que para la ocasión se había asociado con Chatarras Ostáriz y con Aragonesa de Chatarras y Metales, habían presentado una propuesta para el aprovechamiento de los restos de la instalación.

              Por desgracia, parecía que, ni los portavoces de la NASA, ni los expertos en política espacial, estaban tomando en consideración estas propuestas y que el destino final de ese gran logro de la ciencia iba a ser un pozo en el Pacífico que la humanidad, obviamente, es muy capaz de llenar en pocas décadas.

              Esperanza llegó al garaje, enchufó su vehículo y subió a casa. Al entrar en la cocina vio la pequeña bolsa de desechos de plástico lista para el contenedor amarillo. Se preparó en la batidora un zumo de zanahoria y limón con un toque de cúrcuma y, triste, se lo tomó a la vez que movía la cabeza de un lado a otro y musitaba “pobre planeta”.

SUERTE

                ¡Cuánto tiempo ha pasado! ¡Cuarenta y cinco años ya! Bueno, un poco menos, faltan unos meses para que se cumplan, pero, ¿Qué...