Bienvenida

Bienvenidos a este blog. Espero que disfrutéis de la lectura de los relatos tanto como yo he disfrutado escribiéndolos.

martes, 17 de diciembre de 2024

SUCEDIÓ EN UN BAR

 

              El patrón no me quería, decía que no era necesaria. Sólo por la insistencia de su señora y el camarero estoy aquí, en la esquina, discreta y sin estorbar. Así estaba aquel mediodía cuando ellos entraron, una pareja, él de gesto un tanto chulesco, ella ceñuda, como de mal humor. Se sentaron en la mesa pequeña lejos de la pantalla del televisor. No hay servicio de mesas y pidieron en la barra un par de cervezas y dos pinchos de tortilla. El bar es famoso por sus tapas, mucha gente acude allí a tomar el aperitivo y algunos encargan bandejas para las pequeñas celebraciones familiares. No la oía, pero en los labios de ella se leía la frase dirigida a él: Pagas tu ¿no?

              La policía vino al cabo de un par de días. Era la hora del café y había varios clientes de los habituales, todos ellos parecían sorprendidos, el patrón se puso muy nervioso.

-Todo lo que se sirve aquí es de la mejor calidad -dijo asustado.

 Pero insistieron. El difunto no había comido nada ni antes ni después de su visita al bar. Poco rato después de salir de allí había acudido a urgencias con un fuerte dolor de estómago, apenas unas horas después había fallecido. El camarero, tembloroso y con los ojos muy abiertos, no acertaba a responder las preguntas de los agentes. Entonces tomó la palabra ella, la patrona, recién salida de la cocina, con el delantal y las manos manchadas de harina, se dirigió a los agentes y me señaló a mí.

-Adelante, -les dijo-. Aquí no hay nada que ocultar.

Me bajaron, abrieron mis tripas, comprobaron mis grabaciones y allí estaba: mientras el hombre pagaba y el resto de los clientes miraban embobados la pantalla del televisor, ella sacó una jeringuilla y clavó la aguja en el pincho destinado a su compañero, cuando el volvió a la mesa ingirió la apetitosa tapa, tomó su cerveza y ambos continuaron la conversación, más bien disputa, con la que habían entrado al bar.

Ahora, por las mañanas, el patrón me limpia el polvo con cariño y le cuenta la anécdota a todo el que quiere oírla. El asunto salió en la prensa y le dio cierta fama al bar al que acuden ahora más clientes, incluso está pensando en coger el local de al lado y poner terraza. Eso sí, tiene que oír todos los días una pequeña regañina de parte de su esposa.

-¡Nunca me haces caso! Y eso que suelo tener razón. Acuérdate de lo de la cámara que si no es por mi que insistí…..en presidio por envenenamiento. Y lo que es peor ¡el negocio cerrado!

El la mira, se miran. Ninguno de los dos ha vuelto a probar jamás un picho de tortilla. Por si acaso.

jueves, 5 de diciembre de 2024

SUBLIME DECISIÓN

 

              Se asomó a la barandilla. La distancia respecto al lecho del río era mucha. A su alrededor todo el grupo reía mientras se ponían los cascos y los arneses. El también rio un poco disimulando el pavor que lo dominaba. Quería quedar bien, aquella actividad promovida por el departamento de personal de su empresa perseguía estrechar los lazos entre compañeros y mejorar la labor en equipo. El psicólogo de recursos humanos era aficionado a los deportes extremos y argumentaba que no había mejor forma de conocer el potencial de un empleado que viéndolo comportarse en un entorno de riesgo.

              Primero saltó el responsable de control de calidad. La cuerda, bien sujeta por el guía a la balaustrada demostró una cierta elasticidad y aguantó el tirón sin problemas. La imagen del valeroso empleado le recordó a su compañero a los yoyós de su infancia. Sudando, pero contento, el involuntario aventurero subió el caminito en cuesta y se reincorporó a la pandilla.

              Uno tras otro se lanzaron: una ingeniera de producción recién incorporada, dos responsables de compras, la jefa del departamento fiscal y uno de los encargados de mantenimiento. A todos les fue bien, eso le tranquilizó. Le tocaba el turno y subió a la baranda. Pese a lo que le habían advertido varias veces miró hacia abajo. Levantó la cabeza, hinchó el pecho, dio un paso atrás saltando de nuevo al centro del puente y con una sonrisa dijo a sus sorprendidos acompañantes: He decidido hacer oposiciones.

SUERTE

                ¡Cuánto tiempo ha pasado! ¡Cuarenta y cinco años ya! Bueno, un poco menos, faltan unos meses para que se cumplan, pero, ¿Qué...