Bienvenida

Bienvenidos a este blog. Espero que disfrutéis de la lectura de los relatos tanto como yo he disfrutado escribiéndolos.

lunes, 3 de marzo de 2025

OBRAS

 

Los años pasan sin que apenas lo notemos y de repente un día, te miras al espejo y han aparecido las temidas patas de gallo, te pesas y la báscula te confirma tus peores temores, miras a tu alrededor y te das cuenta que las casas, como las personas, envejecen. Pero ellas tienen remedio, te dices, y te lanzas a la reforma con la esperanza de que la reparación de desperfectos y la creación de un hogar moderno y actualizado ayudará a tu maltrecha autoestima y mejorará incluso tu imagen en el espejo, sobre todo si el cristal es un poquito ahumado.

Con esa intención, para empezar, me lancé a renovar el cuarto de baño. La ducha con una gran alcachofa que parece que te estés duchando bajo la lluvia, no fue problema. Mantener las losetas de mármol de la pared y encontrar otras que armonizaran para crear un zócalo dónde antes estaba la bañera y ahora se iba a poner la ducha, fue algo más complicado. Mi sueño de instalar un inodoro japonés con todos los adelantos de comodidad e higiene resultó imposible.

Algo decepcionada pero nunca derrotada decidí seguir adelante. Se iniciaron las obras, las puertas cuidadosamente protegidas con cortinas de plástico para que el polvo de los trabajos no se introdujera en las otras habitaciones. Pero el ingenuo morador-reformador propone y los diversos gremios disponen. Inesperados problemas, discrepancias entre el proyecto y la realidad, todo generaba más y más partículas polvorientas. Cuando ya todo parecía terminado, cuando una primera limpieza se había efectuado, entonces él, el fontanero, con una sonrisa tímida, me anunció: “Creo que he perforado una tubería. Bueno, la verdad es que no lo creo. Estoy seguro”. Se solucionó, claro, volvieron los albañiles de los que agradecida me había despedido. Quitaron una baldosa, rascaron aquí y allá, se reparó la tubería, recompusieron la pared. La nube de polvo invadió todos los resquicios por muy protegidos que estuvieran.

Cuando por fin terminó todo me miré al espejo. A las patas de gallo se habían sumado tres arrugas en el entrecejo y otras tres en la frente. Entonces apareció él, el fontanero. Se había dejado la caja de herramientas en la galería de la cocina. Le acompañé a recogerlas y le sugerí que bajara andando por la escalera ya que el ascensor no marchaba muy bien y era fácil quedarse encerrado. Le mostré la puerta antiincendios tras la que se encontraba la escalera. ¿Puede culparme alguien por la zancadilla seguida de un empujón que le di? Cualquiera que haya hecho obras en su casa me entenderá. Es verdad que se rompió la tibia, el peroné y tres costillas, pero es evidente que era un torpe que ni caer rodando sabía.

SUERTE

                ¡Cuánto tiempo ha pasado! ¡Cuarenta y cinco años ya! Bueno, un poco menos, faltan unos meses para que se cumplan, pero, ¿Qué...