NARRADOR/A: La mujer espera a su
hijo sentada frente a la terraza. El joven llega sin hacer ruido y la
sobresalta. Ojeroso, serio con expresión trágica.
MADRE― ¡Que susto me has dado! Pensaba que tardarías un poco
más. ¡Que mala cara traes! ¿Te encuentras mal? ¿Qué tal tu segundo día de
trabajo?
HIJO―Si, mamá. Me encuentro fatal.
MADRE― ¿Qué pasa cariño? ¿Has discutido con Macarena?
NARRADOR/A: En el tono de la
madre se percibe que estaría encantada de que Macarena y su hijo hubieran
tenido una bronca.
HIJO―No. He salido a tomar unas cervezas con mis nuevos
compañeros de trabajo. Muy sociables y cariñosos.
MADRE― ¿Entonces?
HIJO―Que al parecer todo el mundo lo sabe. Una ciudad de
doscientos mil habitantes y todo el mundo lo sabía menos yo. Toda la vida
diciéndome que el abuelo era un artista y yo presumiendo en el colegio, incluso
en la universidad y ahora resulta que era un presidiario.
MADRE― Bueno. Cuando uno comete un delito va a la cárcel, es
lo habitual, pero eso no quiere decir que no fuera un artista. Tu mismo has
visto sus dibujos.
HIJO―Yo y todos a los que les coló un billete falsificado,
que fueron muchos al parecer.
MADRE―Pues sí, la verdad. Tardaron mucho en cogerlo. Tu
abuelo hacía pocas cosas, pero las que hacía las hacía bien. Yo estoy muy
orgullosa de él. Ya sabes que intenté despertar en ti la vena artística sin
éxito. Ni dibujo, ni pintura, ni baile, ni canto. No te atraía ningún
instrumento. Ni siquiera te gustaba leer. En fin, que no sé a quién has salido.
HIJO―Eso digo yo. ¿A quien he salido? De mi padre sé bien
poco.
MADRE― ¡Se nos fue tan pronto cariño! Tenía alma de poeta.
Pero ¿por qué te molesta tanto lo del abuelo?
HIJO―Estoy tratando de labrarme un porvenir. Tengo
aspiraciones en el trabajo, una novia encantadora que me apoya y que no sé que
pensará de mis antecedentes familiares. El otro día mismo estaba comentando lo
importantísima que era la genética y cómo una tara se puede transmitir durante
generaciones y destrozar una familia.
MADRE―Mi padre no era ningún tarado, sino un genio. A mi me
hubiera gustado que tu también lo fueras y, en vez de eso, me he tenido que
conformar con que fueras Ingeniero de Caminos. Pero te quiero y te respeto a
pesar de lo cuadriculado que eres y de que te hayas echado una novia del Opus.
HIJO―Macarena no es del Opus. Sus padres si, pero ella me ha
asegurado que no. Que se quiere casar en el altar mayor de Torreciudad y tener
al menos seis hijos, pero sólo por respeto a sus padres.
MADRE― ¿Alguna cosa más?
HIJO― Pues sí, la verdad. Le he dicho a Macarena que eras
auditora de cuentas especializada en multinacionales y que eso te obligaba a
viajar mucho. También que formabas parte de un coro
MADRE― ¿Por qué?
HIJO― No pretenderías que le dijera que te ganas la vida
como representante de cantantes de rock y punk y que en tu tiempo libre formas
parte de una chirigota que desfila en las fiestas de Cádiz.
MADRE― Pues tenemos mucho éxito. Somos la única chirigota
que no está integrada por nativos de esa ciudad y aún así les encantamos y nos
aplauden a rabiar. Gente maja y tolerante, en fin.
HIJO― Me voy que he quedado con Macarena. A ver como enfoco
el tema de tu padre. Diré que, por supuesto, no era culpable, sino víctima de
un complot de gente siniestra que se aprovechó de su bondad.
NARRADOR/A: La madre lo despide con tristeza. El gato se
sube a su regazo y ella lo acaricia y le habla.
MADRE― ¡Ay minino! Lo he hecho lo mejor que he podido con
este hijo, pero parece que con el ejemplo no ha bastado. Ha salido estricto y
anticuado. Si lleva tan mal lo del
abuelo ¿Qué dirá cuando se entere que se gestó en un vientre de alquiler con el
semen de su abuelo y yo en realidad soy su hermana? Mejor dicho, su hermano, que en mi partida de
nacimiento me inscribieron como Joaquín Antonio.