Ayer
vino a mi el fantasma de las Navidades pasadas. Me quedé un poco planchada
porque no creo ser tan agria ni avara como Mr. Scrooge, pero el espíritu me
tranquilizó.
―No te alarmes
―me dijo― Simplemente mis compañeros y yo nos estamos dando una vuelta y
visitando a gente que no está especialmente animada ante la proximidad de la
Fiestas navideñas.
―La verdad es
que efectivamente ese es mi caso. No veo las próximas fechas más que como un
cúmulo de trabajo. He tenido un par de meses complicados y sólo tengo ganas de
descansar.
―Pero
tú siempre habías disfrutado adornando la casa, comprando regalos e incluso
preparando las comidas de estas fiestas.
―No siempre ha
sido así. Más de una vez esta ha sido una época triste.
―Permíteme que
insista y te recuerde algunas anécdotas que creo has olvidado. Por ejemplo,
aquella excursión a la montaña para recoger piñas y hierba para decorar el
belén. Un belén de figuras pequeñitas (tu madre no quería trastos en casa y te
convenció de que chiquitín era más bonito).
No pude evitar
echarme a reír al recordar como mi hijo estuvo a punto de destruir en segundos
aquel nacimiento tantos años conservado. Aquel brote de entusiasmo con el que
lanzó sus manitas sobre las figuritas de barro haciendo migas un pastor y al
ángel le fue por poco. Hubo que quitarlo y salir rápidamente a comprar algo de
plástico a la espera de que creciera.
Desapareció.
Me quedé pensando y mirando a mi alrededor. Ahora le tocaba al fantasma de las
Navidades actuales. Pero no. El que llegó fue mi hijo con una caja alta subida
del trastero.
―¿Qué hay
mamá? Voy a montar el árbol que llevamos un poco de retraso. Por cierto, he
encargado un roscón de Daviz Muñoz para estas Fiestas. Ahora mismo es lo más.
Hay que estar al día.
Le oyó su
padre que estaba en la habitación de al lado. Acudió rápidamente algo ofendido.
―¿Cómo Daviz
Muñoz? ¿No queréis que haga este año empanadico de calabaza?
―¡Claro que
si! Es tu especialidad. ¡Que uno! Un par puedes hacer que las Navidades son
largas.
Se fueron por
el pasillo comentando como se podía aunar tradición y modernidad y haciendo
algún otro plan gastronómico para estas fechas. A los dos les encanta guisar.
Aclarado
el punto de los dulces, me quedé sola otra vez. Sentí una ligera brisa y una
semitransparente figura apareció a mi lado y me dijo amablemente:
―Soy el
fantasma de las Navidades futuras. ¿Me necesitas?
―No ―le dije―.
Estoy disfrutando del aquí y el ahora. Pero gracias.
Desapareció
dejando un aroma de lavanda. Ahora estoy en la cola de la pescadería. ¡Que
precios! Bueno, ¡Que vamos a hacer! Solo es Navidad una vez al año.