NARRADOR―Sentada y clasificando
hierbas una; de pie, pintando en la pared, la segunda: Mujer curandera y Mujer
pintora, hablan.
Mujer Curandera―Hermosas imágenes
las que estás pintando en esta cueva, compañera. Todo el que se aloje en ella
verá algo de nuestra vida.
Mujer Pintora― ¿Has visto a
Hombre Cuatro? Cada día está menos en la cueva, ni siquiera viene a cazar con nosotros.
Llega cuando casi ha oscurecido, se sienta al lado del fuego y no mira a nadie.
Mujer Curandera―No, no lo he
visto. Tienes razón, cada vez se aparta más del clan, pero creo conocer la
razón.
Mujer Pintora― ¿Cuál es?
Mujer Curandera―Se ha
encaprichado de una hembra del grupo ese que acampa al raso en el valle, cerca
del río. Sapiens creo que se llaman.
Mujer Pintora―Pero son distintos
de nosotros; no son de nuestra especie. Parecen débiles y además son feos, muy
feos; sobre todo las mujeres, estrechas de hombros, con esas narices pequeñas.
No creo que puedan olfatear nada con ellas.
Mujer Curandera―Tal vez, pero
nosotros somos pocos, su grupo es más grande y Hombre Cuatro se siente atraído
por ellos. Eso sí, no creo que lo admitan, como mucho se podrá aparear con
alguna hembra, pero los machos pronto lo echaran.
Mujer Pintora―Seguro. Son
agresivos a pesar de su aspecto más débil y es evidente que no les gustamos,
como a nosotros no nos gustan ellos. ¡Extraño afán el de Hombre Cuatro! Acabará
mal. Ninguno de esos finolis le habría ayudado a sobrevivir tras el ataque del
mamut que lo dejó malherido. En cambio, nosotros alejamos al animal enfurecido
y lo cuidamos. Tú misma, con tu conocimiento de las hierbas y sus propiedades,
le salvaste la vida.
Mujer Curandera― Pronto lo ha
olvidado. En cuanto una de esas flacas le ha mirado con ojos tiernos ha
abandonado a todas las mujeres del clan ¡Mira! Por ahí viene. ¡Menudo chichón
lleva en la cabeza! Sin embargo, sonríe, parece muy contento. Creo que ha
conseguido su objetivo y ha sido también golpeado por ello. Sangra una
barbaridad, no sé si conseguiré salvarlo.
Mujer Pintora―Si la hembra
sapiens tiene alguna cría tras este encuentro, espero que haya heredado algo de
Hombre Cuatro, al menos su frente estrecha y las preciosas cejas, el torso
ancho, la fuerza.
Mujer Curandera― ¡Desde luego! He
visto a los retoños de ese asentamiento. Tienen el cuello largo y apenas se
sostienen al nacer. Esos enclenques de sapiens es imposible que sobrevivan.
Seguro que se extinguen en apenas unos años.
NARRADOR―Pasaron los años.
Cuarenta mil más o menos. Un día los seres humanos se levantaron. Conectaron
uno cualquiera de los aparatos con los que se comunicaban e informaban. Sus
ojos se abrieron y sus cejas se alzaron ante una sorprendente noticia:
“Una nueva teoría acerca de los misteriosos
neandertales. Un análisis de la Universidad de Pensilvania revela que la
hibridación humana se produjo sobre todo entre varones neandertales y mujeres
sapiens. Otros especialistas, en cambio, opinan que son ideas preconcebidas
sacadas de los libros del Clan del Oso Cavernario. En cualquier caso, contra lo
que pensábamos hasta ahora, parece que hacían el amor mucho más que la guerra”.