Edmundo pasea por la
playa. El sonido de las olas le acompaña y le ayuda a calmar la furia que
desahoga hablando consigo mismo:
-Nos prometieron la inmortalidad y nos
apuntamos como locos a ella sin hacer preguntas, sin consultar detalles. Aquí
estoy ahora, inmortal sin poderlo remediar, pero inmortal categoría tres. A mi
me hubiera gustado la categoría uno, o al menos la dos que incluía el plus de
rejuvenecimiento de cutis y optimización muscular total. Por no hablar de la
protección anti úlceras y la reparación automática de rasguños cortes y
rozaduras. De haber sabido que estas mejoras requerían un pago adicional
hubiera ahorrado algo, aunque nunca me hubiera podido costear el grado máximo.
El caso es que sigo
siendo un flaco falto de atractivo, pero de mayor duración. O sea que no me
moriré de viejo, pero tampoco ligaré más ni podré convertirme en mi gran sueño:
ser un formido montañero y escalar los catorce ocho miles, me sigue faltando
fuelle. Además, tengo dudas, muchas dudas que nadie me ha aclarado. Si entro en
el mar sin saber nadar ¿me ahogaré o estaré tragando agua horas y horas, días y
días hasta que la corriente me devuelva a la orilla? Si no como ni bebo ¿se
acabará consumiendo mi organismo y desapareceré o bien me quedaré seco a la
espera de algo de hidratación? En el caso de que pise una mina anti personas y
mi cuerpo destrozado se esparza repartido en minúsculos trocitos ¿cada pedazo
generará un nuevo yo como las medusas o me evaporaré y ya está?
No lo veo claro.
Además, ¡hacerme inmortal yo! que no tengo aficiones, ni me gusta leer, el cine
me aburre, las series no me interesan. Antes, por lo menos, tenías un final
claro, la vida te llevaba a ello, pero ahora igual resulta que te lo tienes que
gestionar tu. Creo que le voy a hacer caso a mi vecino y me voy a asociar al
grupo “Amigos de la desconexión” Te organizan la salida de este bucle en el
caso de que se te esté haciendo demasiado largo, además creo que hay muchas
mujeres, igual le intereso a alguna y conseguimos entre los dos amenizar
nuestra existencia y quitarnos de encima la idea de que hemos caído en una
trampa sin salida.
Mientras Edmundo
pasea, el cabo Fatty Duck come una hamburguesa frente al panel de vigilancia de
la costa oeste de EE UU. Un bramido de la sargento Pétula Dark le sobresalta de
tal manera que el grasiento bocadillo salta por el aire y cae sobre la sensible
pantalla táctil. Antes de que la inteligencia artificial pueda reaccionar tres
misiles salen disparados en diversas direcciones. No hay protocolo de
seguridad, fue eliminado por considerarse burocracia innecesaria. Por el
sencillo principio de acción reacción proyectiles similares son disparados en
dirección contraria desde secretos enclaves bajo el control de Rusia, China,
Irán, India y Corea. La duda respecto a si Israel poseía armas nucleares, largo
tiempo debatida, quedó aclarada. Tenían.
Las dudas de Edmundo
sobre su supervivencia y la eficacia de la vacuna de inmortalidad administrada
por la seguridad social hubieran quedado disipadas en el caso de que hubiera
tenido tiempo de darse cuenta de la que se le venía encima.