¡Vaya
calor que hace! Y yo aquí asándome. El bien tranquilo estará, y eso que siempre
está diciendo que tiene un trabajo muy sacrificado, pero ya, ya, sacrificado,
me río yo, todo el día por ahí conduciendo, sí, pero como si no supiera lo que
le gusta ir subido ahí en la cabina bien arriba, que se cree que está en un
trono, o mejor, en un tanque que todo el mundo se tiene que apartar a su paso.
Además, que para cuando quiere, que él no lo dice, pero demasiado que lo sé,
que en esas gasolineras en todas hay un puticlub y uso debe hacer porque traer
dinero trae, pero menos que el de la Joaquina la vecina del primero segunda y
eso me mi Ramón hace rutas más largas y lleva mejor camión. Y es que me lo
conozco, que desde novios me di cuenta de que había que atarlo corto, pero
claro, con el oficio que tiene, difícil. A mí si que no hay que atarme ni nada,
que con sacar adelante a los chicos ya tengo bastante. Menos mal que en eso
tengo suerte que bien majos que son los críos. Se parecen a mí, claro, que del
mastuerzo de su padre poco tienen. Mañana llega de llevar una carga a Galicia.
Iré a buscarlo, ya le he preguntado a su jefe más o menos a que hora se le
espera, que el muy sinvergüenza es capaz de quedarse la mitad del sobre y
gastárselo en pilinguis. Ya me lo dijo mi hermana: “Mírate a ver, mírate a ver que
este Ramón es un elemento”. Pero claro, como tiene esa labia y esos ojazos,
pues ahí cayó una como una tonta. ¡En fin!