Bienvenida

Bienvenidos a este blog. Espero que disfrutéis de la lectura de los relatos tanto como yo he disfrutado escribiéndolos.

domingo, 5 de noviembre de 2023

CARTA A ROSA

 

Estimada Rosa María:

 

No le escribo esta misiva porque sea agradable para mí comunicar con usted. Tampoco por que tenga ninguna preferencia por el género epistolar, muy al contrario, lo detesto. No obstante, creo que esta es la mejor forma de decirle algo del máximo interés para ambas.

              Cada vez que entro en el pequeño dormitorio del fondo del pasillo, el terror se apodera de mí. Ondulantes siluetas. Caras apenas esbozadas en las que se adivinan muecas terribles. Multitud de puntos negros de diferentes tamaños y apariencias. Todo ello se percibe al alzar la vista. Donde siempre hubo un techo color crema bordeado por una elegante moldura de escayola, hay ahora un cielo amenazador poblado de estrellas negras y monstruos. 

              Nada más lejos de mi ánimo que molestarla. Sé que disfruta usted viajando. ¡Que placer! A mi también me ha encantado siempre. El mar, la montaña, otras ciudades, otras gentes. Todo ello enriquece el espíritu. Eso precisamente le comenté a su hijo ayer cuando subí a hablar con usted. Un muchacho muy agradable. Tal vez sintonizamos porque parece extremadamente tímido, como yo misma lo soy. Enrojeció al decirme que usted no estaba, que estaba pasando unos días fuera de la ciudad. Le rogué que me ayudara con el tema de los monstruos, pero contestó con evasivas. Se ve que es usted el alma del hogar y no se atreve a dar ningún paso sin su aquiescencia. Me fui cabizbaja. Decidí acercarme a la panadería a comprar unas torrijas. Ya que tenía que seguir conviviendo con las horribles siluetas tal vez una dulce merienda me ayudaría a olvidarlas o al menos a sobrellevarlas. Entonces fue cuando la vi. Igualita que usted, saliendo por la puerta trasera del edificio, la que da al garaje. Yo sabía que era imposible que fuera usted. El muchacho me lo había dicho bien claro. El parecido era impresionante, el perfil, la media melena color caoba, la forma de andar, incluso ese bonito bolso de bandolera color marfil. No lo dudé. Los malos espíritus se están apoderando del edificio. Han empezado en mi casa, seguirán por otras. Humedad en las paredes, podredumbre, moho. Poco a poco la maldad bajará hasta los cimientos y entonces ya no habrá remedio.

              Por eso le escribo. Para avisarle. Tenemos que unir nuestras fuerzas contra ese enemigo que nos acecha. Yo he hecho lo que he podido. He contactado con el presidente de comunidad, con otros vecinos, con diferentes expertos en el tema. Todo el mundo es unánime. Si esa es la opinión generalizada, ¿quién soy yo para decir otra cosa? Le ruego que se ponga en contacto de una vez con su seguro, que acepte la visita de un perito, que permita hacer las reparaciones correspondientes en su cuarto de baño. Sí, lo sé. Todo el vecindario lo sabe. Instaló usted una bañera de hidromasaje y contrató mano de obra sin cualificar para que le saliera más económica la obra. Poco después empezó el problema en forma de pequeña mancha. Hasta hoy. Ya no puedo más. Por supuesto no duermo en ese cuarto. Aun así, las pesadillas me dominan. El agente de seguros me lo ha dicho esta mañana por enésima vez: El causante del daño debe abrir el parte de siniestro y reparar la avería. Esa es usted Rosa María. Aunque su teléfono esté apagado, aunque su hijo no se atreva a decirle nada, aunque todo esté en nuestra contra. Esta carta le llegará y usted podrá, por fin, tomar las medidas necesarias para librar a mi hogar de las húmedas y maléficas manchas que lo acechan.

SUERTE

                ¡Cuánto tiempo ha pasado! ¡Cuarenta y cinco años ya! Bueno, un poco menos, faltan unos meses para que se cumplan, pero, ¿Qué...