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Bienvenidos a este blog. Espero que disfrutéis de la lectura de los relatos tanto como yo he disfrutado escribiéndolos.

viernes, 1 de octubre de 2021

LA ABUELA

 

          Sentada en un taburete en el balcón la niña observa a la anciana, tan viejita. Pequeña pero no encorvada, lenta, pero no torpe. Está regando y quitando las hojas muertas de los geranios que cuida. El espacio no da para mucho, un par de hamacas, un pequeño armario con herramientas y sus macetas.

              Va totalmente vestida de negro, con una saya larga, una blusa que ella llama chambra, delantal y toquilla. En la cabeza un pañuelo anudado por detrás alrededor de un moño de rosca. Vestimenta tradicional y oscura que no la hace parecer triste. No lo es, tiene los ojos vivaces y enseguida sonríe.

              Le gusta hablar con ella. A veces le cuenta alguna anécdota de su infancia ¡hace ya tantos años! o le pregunta cosas de su colegio, un mundo extraño para ella, una mujer analfabeta. La muñeca andadora es un juguete aburrido pero vale la pena ponerla sólo por ver la risa y el entusiasmo de la abuela.

              Mujer tranquila, no suele hablar del pasado. No menciona antiguas tristezas, se adapta, vive. Observa a su vez a la pequeña y recuerda. Tantos años dan para muchos recuerdos. Su propia infancia, la epidemia de cólera. Cómo se escapaba al campo y se sentaba bajo los árboles a comer la fruta caída que el temor a la epidemia había impedido recoger.

              La escuela del pueblo. Se asomaba tímidamente a la puerta y el maestro la animaba a entrar. No se atrevía, sólo había chicos. Ninguna familia del lugar consideraba necesario instruir a las niñas. Se malograban ―decían.

              Su juventud, su boda. ¡Que buen mozo su marido y que orgullosa estaba ella de su brazo! ¡Lástima que pronto descubriera que tenía buena planta pero mal vino!

              ¡Que duros y tristes aquellos días en que lloraba acodada en la mesa de la cocina preguntándose cómo iban a salir adelante los chicos y ella con aquel hombre que gastaba todo su dinero en vino y toda su energía en jurar!

              No le lloró cuando murió, no le lloró nunca, no le rezó un padrenuestro ni le dedicó un pensamiento. Tras los funerales y las misas de costumbre tiró hacia adelante. Sin ayuda pero sin estorbos. Trabajó para otros, llegó a montar su propio negocio. Rabiosa decía: “Si yo supiera letras”

              Salieron adelante, sufrieron una guerra. Sus vecinos, sus amigos, sus parientes, incluso sus propios hijos fueron muriendo pero su fortaleza, a su pesar, la mantuvo.

              Hoy mira melancólica a lo lejos aunque apenas ve por las cataratas y sonríe levemente recordando aquella conversación con su hijo pequeño.

―Madre, he ido a echar el veneno para las ratas en los rincones del gallinero y casi no queda.

―Ya lo sé hijo. Fui a echar yo el otro día y se me cayó el paquete en el balde de fregar los platos. Tuve que tirar todo y limpiar muy bien. Sólo quedó un poco en el fondo. No te preocupes, ve a comprar mas a la tienda del tío Manuel. Coge dinero de la jarra que hay en la alacena.

―De acuerdo madre, ahora voy.

              Duros años, dura vida, pero sí, consiguieron salir adelante.

SUERTE

                ¡Cuánto tiempo ha pasado! ¡Cuarenta y cinco años ya! Bueno, un poco menos, faltan unos meses para que se cumplan, pero, ¿Qué...