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Bienvenidos a este blog. Espero que disfrutéis de la lectura de los relatos tanto como yo he disfrutado escribiéndolos.

martes, 26 de septiembre de 2023

VENGANZA

 

          Sentado ante su portátil revisaba su calendario de tareas mientras esperaba la llegada de sus compañeros. El jueves era el único día de trabajo presencial y había que aprovechar el tiempo. No era fácil puesto que, al no verse diariamente como antaño, las conversaciones derivaban en saludos y comentarios banales acerca de la vida de cada cual. Al otro lado de la sala un operario instalado en lo alto de una escalera reparaba el aparato de luz. Algo en él le resultó familiar. Se acercó a uno de los armarios que estaban en ese extremo de la oficina y lo observó más de cerca.

          Era él, sin duda. Ni los años transcurridos, ni los cambios físicos inherentes a la vida adulta, habían modificado esa cara ancha y esos gestos fuertes y algo rudos de su antiguo compañero de colegio. Se complació ante la, algo más que incipiente, barriga que empujaba los botones del mono de trabajo, a la vez que comparaba su tupida mata de pelo, recogida en una coleta, con las evidentes entradas de las sienes del electricista.

          Seguro, segurísimo. Ese era Toñín Peláez Rodríguez, el favorito del padre Edelmiro. A su memoria vinieron aquellas zancadillas en los pasillos del colegio, las burlas por sus gafas de miope, por sus kilos de más, por su torpeza al jugar al fútbol. Toñín era delgado, ágil, simpático. Le caía bien a todo el mundo pese a las bromas crueles que se permitía con los que, como él, eran sosos, regordetes, empollones y malos deportistas.

          Sufrió mucho en esa etapa infantil, aún más en la adolescencia. Y aquí estaban, cada uno con su trabajo. El electricista no pareció reconocerlo, seguramente ni siquiera en el colegio le había prestado gran atención, pero esa etapa de su vida generaba en él un sordo rencor del que no había conseguido librarse.

          En una de las paredes de la sala estaba la caja de diferenciales. El primero permitía el paso de corriente a la mitad izquierda de la oficina en la cual estaba trabajando. El segundo, obviamente desconectado, a la parte derecha donde se estaba efectuando la reparación.

          No fue algo meditado ni consciente. Sin saber cómo, sus pasos, silenciosos sobre el suelo de moqueta, le llevaron hasta la caja y su mano, con la seguridad de un ente autónomo, conectó el diferencial del lado derecho. Un fuerte latigazo de electricidad derribó al operario de la escalera. El golpe contra el suelo le hizo perder el sentido por unos segundos, los suficientes para que el volviera a desconectar la corriente.

          Avisó a seguridad. Acudieron enseguida y se llevaron a Toñín a urgencias donde le curaron y le hicieron diversas pruebas. Resultó que había desayunado un sol y sombra y el nivel de alcohol en la sangre dio bastante alto lo que resultó en una sanción de empleo y sueldo de un mes.

          El, en cambio, recibió toda clase de felicitaciones y el diploma de empleado del mes donde constaba su rápida actuación auxiliando al operario de mantenimiento eléctrico Rodrigo García García, titulado en Formación Profesional por el instituto de su localidad natal situada a doscientos kilómetros de la empresa en la que desempeñaba sus servicios.

SUERTE

                ¡Cuánto tiempo ha pasado! ¡Cuarenta y cinco años ya! Bueno, un poco menos, faltan unos meses para que se cumplan, pero, ¿Qué...