El
clip le dijo a la pinza:
―Malos
tiempos corren para mi. Antes me usaban para sujetar las diferentes páginas de
un documento, pero ahora prefieren las grapas. Comentan que no se enganchan los
documentos entre sí y que la unión es más segura.
Respondió
la pinza:
―A
mi me utilizaban para agrupar los documentos del mismo tipo pero no se que
ocurre que hace tiempo que estoy olvidada al fondo del cajón. ¿Tal vez no
reciben ya correspondencia? Estoy muy inquieta, me estoy poniendo herrumbrosa y
fea. Como esto siga así no sé cual va a ser mi final.
La
goma intervino en la conversación:
―Os
veo poco informados. Ninguno de nosotros tiene ya futuro. Antes, mi amigo el
lápiz y yo éramos imprescindibles por la facilidad para cambiar y corregir
escritos u operaciones matemáticas sobre el papel. Pero eso ya pasó porque lo
que daba razón a nuestra existencia era el uso de ese gran compañero al que no
le prestábamos gran atención, siempre distante en sus cuadernos y paquetes de
folios, el papel. Se está extinguiendo, dentro de poco será una rareza. Todo es
ya digital, las carpetas que agrupan varios documentos, los documentos, que se
componen de varias páginas. Las correcciones son inmediatas y sencillas sobre
la pantalla, si el error es muy obvio, el propio programa lo corrige.
La
pinza y el clip respondieron al unísono:
―¡No
puede ser, hemos trabajado muy duro durante siglos!
―También
lo hicieron los pergaminos, las tablillas de cera y las estelas de piedra, pero
eso no impidió su final.
―¡Que
va a ser de nosotros!
―Piezas
de museo, amigos míos. Recuerdos de algún anciano en una caja junto a viejas
fotos y pequeños tesoros de infancia. Pero no desesperéis, me ha contado un
recibo de la luz bien informado que un día de estos habrá un gran apagón y sólo
sobrevivirán los que sepan utilizar los métodos ancestrales de supervivencia y
comunicación. Esa será nuestra oportunidad de volver a la vida activa.
Paciencia.
El
clip y la pinza se miraron con cierta tristeza. Ella sugirió: ¿Qué tal una
siestecilla mientras tanto? Y los tres de acuerdo se juntaron en una esquina
del cajón y se echaron a dormir.