Bienvenida

Bienvenidos a este blog. Espero que disfrutéis de la lectura de los relatos tanto como yo he disfrutado escribiéndolos.

sábado, 6 de septiembre de 2025

POR QUÉ SE LLAMA FÉLIX

 

           

              Estoy leyendo en el jardín trasero, apenas más grande que una pequeña terraza. Félix me acompaña, como siempre. Lo miro y sonrío. He perdido más de una novia por él. Ni siquiera Paula, la veterinaria del zoo, una muchacha tranquila y amante de los animales, estuvo dispuesta a construir una vida en común conmigo por su causa.

              Y eso que, tanto Félix como yo, somos sosegados y cariñosos. Yo fui siempre responsable y trabajador. Mis padres apenas se preocupaban de mis estudios, no era necesario. Saqué la licenciatura fácilmente y me doctoré con honores. No tuve problema para encontrar una plaza de interino en el departamento de Física computacional, como tampoco lo tuve para aprobar la oposición y conseguir mi plaza fija. Se podía decir que no había dado un paso en falso en toda mi vida y que me encaminaba de forma rápida y directa a convertirme en una persona respetable y absolutamente prosaica.

              ¡Que diferencia con mi tío Feliciano! Irreverente, anárquico. Una persona de gran capacidad, sin duda mucho mayor que la mía, pero que no sacaba nada práctico de sus múltiples habilidades.

              Solía burlarse, a veces cruelmente, de mi seriedad. Se reía cuando me encontraba siempre estudiando y repasando los temas de mis exámenes. Con ironía me aconsejaba relajarme y no dar tanta importancia al asunto. ¡Tranquilo chaval!, vas camino de convertirte en un obseso de los libros en lugar de disfrutarlos ―me dijo en una ocasión.

              Pese a sus comentarios, yo le tenía un gran aprecio, diría incluso que lo admiraba. De forma totalmente autodidacta había llegado a tener una gran cultura y su biblioteca era muy amplia. Le gustaba regalarme libros y, tengo que decir, siempre acertaba en su elección. Viajaba mucho, por su cuenta, con una mochila, siempre solo y buscando los destinos más exóticos y alejados de las rutas frecuentadas por turistas convencionales.

              Pasaron algunos años y yo, ya independizado, había alquilado un pequeño apartamento cercano a la Facultad. De acuerdo a mi carácter, tenía mi rutina perfectamente organizada y establecida, cuando un día, inesperadamente, sonó el timbre de la puerta.

              ― ¡Hola sobrino! ―me dijo la voz alegre y entusiasmada de mi tío―. Vengo sólo un momento a saludarte. ¡Hace tanto que no nos vemos! Voy a dar una vuelta por los fiordos noruegos y vengo de Tanzania. Un lugar extraordinario, sin duda. Como sé que eres un comodón y no te vas a acercar por allí, te he traído un regalo.

              Me pasó una cesta bastante grande y allí estaba: Una cría de orangután. Levanté la vista y nos miramos fijamente. No sé, ni sabré, que pretendía realmente. Pero sus ojos burlones me hicieron reaccionar como nunca, ni él, ni yo, hubiéramos supuesto que reaccionaría.

              Erguido y orgulloso, le sonreí con aplomo y, como la cosa más natural del mundo, le dije:

              ― ¡Pero que amable tío! ¡No me podía imaginar un regalo mejor! Por supuesto, ya que te llamas Feliciano, él se va a llamar Félix, en tu honor.

              Desde entonces han pasado algunas cosas. Félix ha crecido. Yo me he acostumbrado a su compañía, me escucha, asiente, lanza pequeños gruñidos de aprobación. No me cabe duda de que percibe mis diferentes estados de ánimo, como yo noto los suyos.

              Es educado, mucho más que alguno de mis colegas. Eso sí, me he tenido que mudar a una casita adosada con un pequeño patio trasero. Aquí él tiene más libertad y los vecinos son también más tolerantes. En la verdulería nos aprecian mucho. Supongo que nuestro alto consumo de plátanos y bananas tiene algo que ver en ello.

              No he vuelto a ver al tío Feliciano. Probablemente tiene miedo de que le devuelva a Félix pero, si es así, se equivoca. No creo que mi amigo desee ya cambiar de domicilio ni yo quisiera perderlo.

SUERTE

                ¡Cuánto tiempo ha pasado! ¡Cuarenta y cinco años ya! Bueno, un poco menos, faltan unos meses para que se cumplan, pero, ¿Qué...