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Bienvenidos a este blog. Espero que disfrutéis de la lectura de los relatos tanto como yo he disfrutado escribiéndolos.

jueves, 10 de noviembre de 2022

UNA CENA

 

              El ambiente era alegre en la terraza cubierta del restaurante del parque. Aproximadamente cuarenta mujeres de diversas edades estaban sentadas en dos mesas largas que formaban ángulo recto. Predominaban los pelos cortos y rizados. En el extremo derecho un mostrador para los camareros detrás del cual se encontraba la cocina.

              No todas habían estado de acuerdo en la elección del sitio, algo apartado para volver de noche a casa, pero las organizadoras habían argumentado que en pocos locales les dejaban montar una fiesta como aquella.

              La cena no estuvo mal sin ser nada de particular, pero a ninguna pareció importarle. Las risas y las bromas se sucedieron hasta el momento del café. Entonces empezó la música, bailable, facilona. La mayoría salió a bailar. Una de las más jóvenes apareció con un balde de zinc grande, bajo y de boca ancha. Las mujeres echaron unos papeles amarillos en su interior. Durante la cena habían escrito en ellos todo lo que les resultaba triste y odioso en sus vidas, todo aquello que deseaban ver desaparecer.

              Pusieron unos trozos de madera en el balde y les prendieron fuego. Formaron un círculo alrededor de las llamas, girando y bailando. De vez en cuando, alguna de ellas se apartaba un poco, cogía carrerilla y saltaba sobre la improvisada hoguera.

              Los camareros del restaurante las observaban atónitos desde el mostrador. Les parecía inverosímil esa alegría tan desaforada. No era en absoluto lo que esperaban encontrar cuando habían acudido a trabajar aquella noche.

              Dieron las doce. Por la entrada que daba acceso al recinto se asomaron tres cabezas. Miraron al interior sonrientes y pasaron. Tres príncipes en forma de simpáticos y coloradotes cincuentones acudían a la llamada de la hora bruja. Tres maduras Cenicientas se levantaron y fueron a su encuentro. Al llegar a su altura se giraron para despedirse de sus compañeras agitando el brazo protegido por un manguito elástico color carne.

              Sonreían ellas, felices, sus príncipes habían ido a buscarlas. Sonreían ellos, felices de verlas felices, conscientes todos de la importancia de ese buen momento. Temerosos de que esa alegría se evaporara de repente.

              Se fueron. El resto de las mujeres continuaron charlando, riendo y bailando, algo más de una hora. Después, poco a poco, en pequeños grupos fueron saliendo y dispersándose en dirección a sus hogares, decididas todas ellas a disfrutar de la parcela mayor o menor de tiempo y de felicidad que la vida se había dignado concederles.

SUERTE

                ¡Cuánto tiempo ha pasado! ¡Cuarenta y cinco años ya! Bueno, un poco menos, faltan unos meses para que se cumplan, pero, ¿Qué...