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Bienvenidos a este blog. Espero que disfrutéis de la lectura de los relatos tanto como yo he disfrutado escribiéndolos.

martes, 2 de diciembre de 2025

EL UNIVERSO Y LA PRINCESA


Érase una vez, en un país no tan lejano, un rey y una reina a los que les encantaba el cine. Estaban siempre pendientes de la cartelera y no desperdiciaban ocasión de ver las películas más renombradas que más tarde, dulcificando algunos pasajes, relataban a su pequeña hija, como si de cuentos se tratase.

Una gélida tarde de invierno, el rey propuso acudir a un estreno muy esperado, algo verdaderamente especial. La reina objetó que el hada madrina estaba resfriada y no podía quedarse a cuidar de la princesa como habitualmente. Pero su esposo, que era de los que no cejan fácilmente en su empeño, arguyó que, siendo la película tolerada y dado que la princesa era una niña educada y paciente, no había ningún problema en que la llevaran con ellos porque, sin duda, disfrutaría de la proyección y empezaría a desarrollar la misma afición por el celuloide que sus padres.

Así pues, a eso de las cinco de la tarde, la regia familia se acomodó en tres confortables butacas de una sala amplia. Una enorme pantalla ocupaba la pared del fondo. Pronto se apagaron las luces y de la oscuridad emergieron unas imágenes sorprendentes que nadie esperaba y que a la princesa le resultaron incomprensibles y algo aburridas. Sin poderlo remediar, era la hora de la siesta, se le cerraron los ojos y se sumió en un sopor del que despertó repentinamente: Se vio rodeada por el cielo estrellado que invadía todo el espacio a la vez que una música suave y envolvente parecía arrastrarla hacia el fondo de esa inmensidad. Se sintió volar y jugó con una enorme rueda que giraba al compás de la melodía. Las imágenes se sucedieron, incomprensibles, pero fascinantes: hombres y mujeres que conversaban, astronautas, misteriosos personajes que se mantenían en silencio, voces que se apagaban lentamente y, más espacio, más estrellas, más inmensidad.

Abrió los ojos. El rey, inclinado sobre ella le decía: “Arriba Bella Durmiente, la película ha terminado”. Se levantó y, sintiéndose flotar, inició el camino de retorno hasta el palacio.

Tan grande fue el impacto de la película sobre la princesa que, años más tarde, renunció al trono, prefiriendo doctorarse en astrofísica y consiguiendo una plaza en un lejano observatorio llamado El Roque de los muchachos. El paisaje era inhóspito, pero las noches oscuras y el cielo estrellado le evocaban aquella primera sensación de infancia y hacían que se sintiera más feliz allí que en cualquier otro lugar. Uno de sus compañeros de trabajo era un extraño joven del que nadie sabía de donde había venido. Cuando le preguntaban, respondía que había ido a parar allí por casualidad, procedente de un pequeño planeta, y se negaba a dar más explicaciones. Por ese motivo le apodaron “El principito” y nadie lo conocía por otro nombre.

La princesa y el principito se enamoraron perdidamente y decidieron pasar el resto de sus vidas juntos. Acordaron ser felices, pero no comer perdices ya que el principito era vegano. Celebraron su unión con una enorme tarta de calabaza ya que, como dijo la princesa, las calabazas resultan mucho mejor en pasteles que en carroza.

Y colorín colorado. Este cuento se ha acabado. 

SUERTE

                ¡Cuánto tiempo ha pasado! ¡Cuarenta y cinco años ya! Bueno, un poco menos, faltan unos meses para que se cumplan, pero, ¿Qué...